Las tres ‘efes’ que pueden ayudarte a emprender un negocio

Lanzarse al mundo empresarial, muchas veces sin experiencia previa y sin unos conocimientos demasiado sólidos, es todo un desafío. Más aún encontrar la financiación necesaria para que un negocio despegue. De hecho, acumular el capital necesario para fundar una nueva sociedad y que un negocio despegue puede convertirse en toda una odisea, sobre todo porque no todos los inversores privados, bancos incluidos, están dispuestos a asumir el riesgo que supone invertir en un nuevo negocio que aún no ha tomado forma. ¿Cuál es la solución, entonces? La respuesta podría estar en los amigos, los familiares y, por qué no, en los “tontos”, que están dispuestos a asumir ese riesgo que los actores del circuito oficial de la financiación rechazan.

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‘Friends, family & fools’, el primer recurso del emprendedor

Acudir al entorno más cercano en busca de financiación y, sobre todo, apoyo parece el primer paso que cualquier emprendedor tomaría. Convencer a amigos y familiares, las dos primeras efes de la ecuación (friends y family, por sus términos en inglés) resultará considerablemente más fácil que seducir a un inversor privado con el que no se haya tenido una relación previa, señalan desde el comparador de préstamos personales online HelpMyCash.com.

Otro recurso son los “tontos” o “locos” (fools), muchas veces llegados de improvisto. Se trata de inversores no profesionales que deciden apostar por un nuevo negocio y asumir el riesgo que eso representa sin ni siquiera conocer íntimamente al fundador. Muchas veces, conocen la idea través de una tercera persona.

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No todo son ventajas

Implicar a amigos, familiares y terceras personas en un negocio recién “salido del horno” tiene sus inconvenientes. Para empezar, la responsabilidad que supone aceptar dinero de aquellos a los que queremos implica asumir un grado de presión importante. Además, si el proyecto no evoluciona favorablemente, la presión puede acabar desgastando una relación que hasta ese momento era positiva.

Una implicación excesiva de los primeros inversores también puede resultar negativa a largo plazo, aunque a priori parezca una idea atractiva. Cabe la posibilidad de que algún amigo, familiar o “tonto” quiera involucrarse más de la cuenta, por ejemplo, hacerse socio. Una idea que se tendrá que valorar con proyección de futuro.

Tampoco debemos olvidar que, aunque el margen de confianza, sobre todo de las dos primeras efes, será mucho mayor que el de los inversores privados, las cantidades aportadas no serán muy elevadas. Además, la colaboración en muchos casos se reducirá a aportaciones económicas, mientras que otro tipo de inversor como los business angels, más experimentados, sí podrían aportar conocimientos, estrategias e ideas útiles para dar los primeros pasos en el mundo empresarial.

A diferencia de las compañías de capital riesgo, que invierten el dinero de otros, los business angels invierten su propio capital en compañías que normalmente están despegando, sin que tengan una relación previa con el fundador como sí lo tendrían los amigos y la familia. Sin embargo, acceder a este tipo de inversor no siempre resulta fácil: además de encontrarlo, es necesario convencerle de la viabilidad del proyecto.

Fuente / HelpMyCash.com

Imagen de portada / Pexels

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