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El uso de sobres hoy en día

El uso de sobres hoy en día

Solo hace falta observar el antiguo edificio de Correos de Madrid para comprender la importancia que tradicionalmente ha tenido la correspondencia. Aunque con la llegada de Internet y las nuevas tecnologías pueda parecer que esta práctica se ha vuelto arcaica, la verdad es que una gran parte de la población sigue recurriendo al método tradicional de comprar sobres blancos en lugar de pulsar el icono de “enviar” de los correos electrónicos.

Una comunicación más humana

Los correos electrónicos aportan inmediatez, algo que, en un mundo en el que “el tiempo es oro”, es fundamental. Sin embargo, muchas personas prefieren abrir el buzón y palpar la correspondencia antes que encender su ordenador y simplemente echar una rápida ojeada a los mensajes recibidos. La principal razón es precisamente la humanización que envuelve el proceso. La elección del papel, el mensaje y el bolígrafo o la pluma dependen del destinatario. Además las cartas no engañan y en ellas vislumbramos el tono y la actitud del emisor, ya sea mediante el color, la caligrafía más o menos apurada o los puntos suspensivos. De algún modo, las cartas siguen siendo el medio de comunicación más romántico -en el sentido etimológico de la palabra-, un mecanismo con el que el emisor hace partícipe de sus experiencias, preferencias o gustos e invita, en cierto sentido, a hacer lo mismo al destinatario.

En general, las cartas siguen manteniendo ese halo de familiaridad que en la actualidad parece difuso, estableciendo una relación de tú a tú entre los partícipes.

Los sobres como ‘branding’

No obstante, no solo el mensaje y el tono utilizado hacen más estrecha la relación entre las dos partes. Los sobres son el envoltorio que recubre dicho mensaje y, por ello, también transmiten información. No es lo mismo una carta de una compañía eléctrica que la de una tienda de ropa o un supermercado. Los tamaños, colores o materiales de los que están hechos los sobres, así como el modo de presentarlos y la caligrafía, son parte de la transmisión del mensaje.

Para un sujeto cualquiera, recibir una carta es algo personal e individual. Actualmente los buzones de entrada de los correos están plagados de mensajes que o no se leen o van directamente a parar a la papelera de reciclaje. Sin embargo, en la recepción de una carta entra en juego un proceso diferente. El usuario examina el sobre, entiende que la misiva ha sido directamente enviada para él y abre y ojea el contenido. De hecho, aunque el sobre fue concebido en sus comienzos como una táctica para ocultar el mensaje y permitir el franqueo, se convirtió en parte de la misiva. El adverso y el reverso ya pueden, de por sí, hacer que el receptor abra el sobre e influir en su actitud.

En estos tiempos en los que la comunicación es cada vez más fría e imprecisa y los correos electrónicos se han convertido en el principal medio para relacionarse, el envío de cartas permanece fiel a sus orígenes.

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