El valor de un asesor

Como cada día llego a mi oficina y ocupo mi puesto delante del ordenador. Correos electrónicos, cálculos y estimaciones, presupuestos, investigación, son algunas de las tareas que como cada día me esperan en el trabajo. Entre informes, presupuestos y negociaciones atiendo algunas llamadas de clientes y proveedores. La mañana se pasa volando y parece que las horas no son productivas.

Con la sensación de que aún queda mucho por hacer y la cabeza centrada en la última conversación y las previsiones de ventas del mes abandono la oficina. Son las 14:10 de la tarde cuando llego por fin a casa, cansado pero satisfecho por el trabajo realizado. No acababa de cerrar la puerta cuando suena el timbre.

“Le traigo una carta certificada”- me anuncia el cartero. Miro con desdén la carta y veo que el remitente es Hacienda. En ese momento una sombra de duda nubla mi cabeza. Un día que parecía normal como tantos otros, estaba dando un giro. Abro con precisión cirujana la carta y veo que se extiende hasta en cuatro páginas para anunciarme que voy a recibir una inspección porque parece que algunas cifras de mi última declaración no cuadran con los datos de hacienda.

El valor de un asesor

Como autónomo me siento vulnerable por encontrarme en esa situación.

Tras releer varias veces la carta mi mente se queda en blanco, con una sensación entre incertidumbre y miedo al mismo tiempo. ¡¡Como autónomo me siento vulnerable por encontrarme en esa situación, que podía querer hacienda de mí!! Finalmente, a los 20 minutos localizo a mi asesor que interrumpe su comida para atenderme.

Tras contarle lo sucedido y narrarle la información de la carta sobre declaraciones de impuestos y demás, se hace un silencio al teléfono y me dice- ¡tranquilo!, te enviaré un email con la información que puedo necesitar. Vamos a buscar una solución.

Estas palabras me reconfortan enormemente, habla con la seguridad de quién sabe lo que tiene que hacer y cómo enfocarlo. Solo hay paz en su voz y eso me hace alegrarme de saber que todo está en manos de mi asesor de confianza de Marbella. Cuelgo el teléfono con el convencimiento de que todo se va a resolver positivamente, porque sus palabras me han devuelto la paz y me han recordado que contratarlo fue la mejor decisión que pude adoptar.

Solo me queda esperar a que me solicite toda la información necesaria para ponerla a su disposición. No tengo nada que ocultar a Hacienda y este contratiempo no debe suponer un problema en mi actividad. Lo que si tengo claro es que sin un asesor no habría sabido afrontar una situación como la que se me había presentado.

Desde ese día ya no me llevé más sustos por muy complicado que fuese el tema por tratar porque había descubierto el valor que tiene un buen asesor y que puede darte sobre todo tranquilidad en tu actividad diaria. Siempre están al tanto de la situación de tu negocio y saben encontrar la mejor solución en cada momento, así como suelen afrontar todos los imprevistos con templanza.